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Biodiversidad
| 07-11-2019

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¿Cómo llega al océano el mercurio que contamina los peces?   
La extracción de oro, la quema de combustibles fósiles o la producción de cemento son los principales contribuyentes antropogénicos
ABC España ( España )
El mercurio lleva años y años acumulándose en el pescado y el marisco. Y ante el riesgo que supone para la salud humana, la Agencia Española Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) acaba de pedir que se limite aún más su consumo. Según sus nuevos estándares, la ingesta de pescado debe limitarse a 3 o 4 raciones por semana en la población general, y evitarse por completo en el caso de embarazadas o de niños menores de 10 años.

El mercurio llega al océano procedente de la atmósfera (arrastrado por la lluvia), o a través de los ríos. Preocupa a las autoridades porque una vez depositado en el agua, algunos microorganismos pueden convertirlo en metilmercurio, una forma altamente tóxica que se acumula en peces y mariscos.

Aunque el mercurio se encuentra de forma natural en la corteza terrestre, algunas actividades humanas lo liberan al medio ambiente, como la extracción a pequeña escala de oro, la quema de combustibles fósiles o la producción de cemento. El uso del metal y sus emisiones fueron aumentando a medida que avanzaba el desarrollo económico y hoy las estimaciones de la ONU apuntan a que los niveles de mercurio en la atmósfera son un 500% superiores a los niveles preindustriales, y en los océanos, un 200% más altas.

En concreto, las emisiones mundiales anuales de mercurio oscilan entre los 5.000 y 8.000 toneladas métricas por año. Un dato que incluye fuentes naturales (como erupciones volcánicas o emisiones procedentes del océano) y antropogénicas. Entre estas últimas, la extracción de oro artesanal es la mayor fuente de emisiones (37%), seguida de cerca por la combustión de carbón (24%).

«Esta actividad (la extracción de oro) la realizan particulares o pequeños grupos de personas que extraen el oro de manera relativamente sencilla y a bajo coste, por lo general en entornos no regulados. Se estima que más de un tercio de las emisiones globales de mercurio corresponde a esta fuente, por lo que centrarse en este ámbito introduciendo tecnologías alternativas más seguras podría reducir considerablemente su uso y sus emisiones globales», explicó en un análisis reciente Ian Marnane, experto en uso sostenible de los recursos e industria de la Agencia Europea de Medio Ambiente.

En Europa ya no se extrae mercurio, y en los próximos años —según Marnane— la demanda seguirá disminuyendo. «Las emisiones de mercurio en Europa procederán en gran parte de la combustión, principalmente de combustibles sólidos como el carbón, la turba, el lignito y la madera».

En 2017 entró en vigor el primer acuerdo internacional para restringir el uso del mercurio, el Convenio de Minamata. En él se estableció, por ejemplo, la prohibición a partir de 2020 del metal en baterías, lámparas o cosméticos, además de controlar las emisiones de plantas térmicas, cementeras y químicas. El problema es que el mercurio, una vez liberado, puede seguir circulando libremente durante miles de años en el medio ambiente.

«Pese a las reducciones en el uso y las emisiones de mercurio conseguidas en regiones como Europa y América del Norte, es probable que los niveles de mercurio de nuestro medio ambiente sigan siendo elevados durante mucho tiempo, debido a la larga vida de este metal en el medio ambiente y a que en otras regiones las emisiones siguen creciendo. Además, estas emisiones pueden recorrer largas distancias. De hecho, alrededor de la mitad del mercurio que se deposita en Europa procede de fuera del continente», explicó el experto